Ciudad de México. A solo días de confirmarse la muerte de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el caso ha entrado en una nueva etapa cargada de polémica: sus familiares ya iniciaron los trámites para reclamar el cadáver, pero la Fiscalía General de la República (FGR) se niega a entregarlo… por ahora.
La autoridad federal informó que el cuerpo del narcotraficante permanece bajo resguardo oficial, mientras se completan protocolos periciales y legales.
Reclamo legal… y presión silenciosa
Un representante jurídico de la familia presentó una solicitud formal para obtener los restos, trámite permitido únicamente a familiares directos —esposa, hijos o hermanos— quienes deben acreditar el parentesco con documentos oficiales.
Sin embargo, el procedimiento no es sencillo: varios de los parientes cercanos enfrentan procesos penales o se encuentran fuera del país, lo que complica su comparecencia ante las autoridades mexicanas.
Entre las personas con derecho legal para reclamar el cuerpo figuran su esposa Rosalinda González Valencia, sus hijas y algunos de sus hermanos, algunos vinculados también a investigaciones criminales.
Confirmación científica y nerviosismo
La Secretaría de Seguridad federal confirmó previamente la identidad del capo mediante pruebas genéticas, asegurando certeza total de que se trata del líder criminal.
El caso ha generado especial expectativa porque el CJNG es considerado una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo, con presencia en decenas de países y en todo el territorio estadounidense, según evaluaciones internacionales.
Investigación abierta y detenidos
Paralelamente, dos personas detenidas en los operativos recientes ya enfrentan cargos por portación de armas de uso exclusivo del Ejército y fueron enviadas al penal federal del Altiplano bajo prisión preventiva.
El misterio continúa
Mientras la familia insiste en recuperar los restos, la FGR sostiene que no habrá entrega hasta concluir todos los dictámenes. La decisión no es menor: la entrega del cuerpo podría derivar en funerales masivos, homenajes clandestinos o nuevas tensiones en regiones donde el cártel mantiene influencia.
Por ahora, el cadáver del narcotraficante más buscado de la última década permanece en manos del Estado mexicano, y el país observa atento un episodio que mezcla justicia, simbolismo criminal y una disputa silenciosa entre ley y poder.

