San Petersburgo, Rusia.— Lo que muchos describieron como una escena sacada de una película de ciencia ficción ocurrió en el cielo invernal de San Petersburgo (Rusia): varios videos virales mostraron lo que parecían cuatro lunas brillando en el firmamento, dejando boquiabiertos a residentes y espectadores de todo el mundo.
Imágenes y grabaciones compartidas en redes sociales captaron una visión surrealista: no una, sino hasta cuatro cuerpos luminosos alineados horizontalmente sobre el horizonte, durante la noche entre el 31 de enero y 1 de febrero. El fenómeno se volvió tendencia en plataformas como X, donde usuarios convirtieron el suceso en tema de debate, sorpresa e incluso especulación.
Sin embargo, lejos de presagiar el “fin del mundo” —como algunos creyentes del misterio sugirieron en redes— este impactante espectáculo tiene una explicación científica. Astrónomos y meteorólogos explican que lo que se observó fue un fenómeno óptico atmosférico muy raro conocido como paraselene o “luna falsa”.
Este efecto ocurre cuando la luz de la Luna se refracta a través de diminutos cristales de hielo suspendidos en capas altas de la atmósfera, especialmente en noches extremadamente frías como las que se viven en la región del mar Báltico. Esa refracción puede crear manchas luminosas a ambos lados de la Luna real, dando la ilusión de múltiples lunas en el cielo.
“La combinación de aire helado, cristales de hielo bien alineados y la posición baja de la Luna en el horizonte produjo una vista simplemente extraordinaria”, explican especialistas en fenómenos celestes. A diferencia del fenómeno diurno relacionado llamado “sundog”, los paraselenes son mucho más raros justamente porque requieren luz lunar intensa y condiciones climáticas específicas.
Este suceso, aunque visualmente espectacular, no representa ninguna anomalía astronómica ni señal de eventos cósmicos inminentes. Para los observadores, fue una oportunidad única de presenciar cómo la atmósfera puede convertir un cielo ordinario en una escena digna de asombro y discusión global.
Un episodio que recuerda que, a veces, la naturaleza puede ser más asombrosa —y más desconcertante— que cualquier ficción.

