Las alertas ambientales se encendieron simultáneamente en América del Norte. Mientras en México se prepara la reapertura de la pesca con redes de enmalle en el Alto Golfo de California —hábitat de la vaquita marina—, en Estados Unidos se impulsa permitir la pesca comercial dentro de un santuario oceánico protegido en el Atlántico. Para científicos y organizaciones ambientales, ambos movimientos representan un retroceso en la conservación marina y podrían acelerar la desaparición de especies vulnerables.
En el caso mexicano, autoridades federales modificaron los polígonos de protección establecidos desde 2020, lo que permitirá nuevamente la actividad pesquera en zonas que permanecían restringidas dentro del área donde habita la vaquita marina.
La medida, coordinada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), implica autorizar otra vez el uso de redes agalleras o de enmalle de manera legal en sectores del Alto Golfo de California.
El mayor peligro para la especie más amenazada del mundo
Especialistas advierten que estas redes representan el principal factor de mortalidad de la vaquita marina, ya que los animales quedan atrapados y mueren al no poder salir a respirar.
El polígono de protección original se diseñó precisamente para evitar la captura incidental, delimitando zonas con base en registros acústicos y avistamientos donde se concentra la especie. Sin embargo, el nuevo esquema reducirá las áreas con prohibición total y abrirá amplios sectores a la pesca comercial.
El problema es crítico: la vaquita marina es endémica de México y su supervivencia depende prácticamente de mantener libre de redes su último refugio natural.
Una señal internacional preocupante
El debate no se limita a México. En Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump anunció su intención de permitir la pesca comercial dentro del Monumento Nacional Marino de Cañones y Montes Submarinos del Noreste, una zona protegida desde 2016 que alberga corales profundos, esponjas, tiburones ballena y diversos mamíferos marinos.
La propuesta forma parte de una política de desregulación pesquera con el argumento de apoyar al sector económico; no obstante, organizaciones científicas sostienen que la eliminación de las protecciones “pone a estas especies en riesgo”.
Investigadores advierten que los ecosistemas oceánicos profundos son extremadamente lentos para regenerarse y la sobrepesca, junto con el calentamiento y la acidificación del mar, ya representan amenazas graves para la biodiversidad marina.
El futuro del océano en juego
La coincidencia de ambas decisiones ha encendido una preocupación global: la reducción de áreas protegidas podría debilitar los esfuerzos internacionales para conservar al menos el 30% de los océanos hacia 2030.
Para ambientalistas, el caso mexicano podría significar la sentencia final para la vaquita marina, mientras que el estadounidense abriría un precedente para intervenir otros santuarios. El dilema vuelve a colocarse sobre la mesa: desarrollo económico inmediato o conservación de especies que, una vez perdidas, no podrán recuperarse jamás.

